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Si has llegado hasta aquí, probablemente estés pasando por una situación que veo con frecuencia en consulta. Quizá llevas semanas, meses (o a veces, incluso años) notando síntomas físicos que te preocupan: los habituales son palpitaciones, mareos, molestias digestivas, fatiga, dolores corporales… aunque la realidad es que hay muchísimos más síntomas.
Te dicen que puede ser ansiedad, pero tú dudas. No te puedes explicar cómo la ansiedad puede tener relación con tantos de estos síntomas. Y no te quedas tranquilo con las explicaciones.
Ten en cuenta, que si estás en esta situación hay cosas que debes saber:
Pero ojo, a veces aquí se puede caer en el error o fenómeno conocido como “doctor shopping”. ¿Y eso qué es? Pues eso aparece cuando quiero buscar la certeza absoluta de todo lo que me ocurre en el cuerpo y no hago más que hacerme una prueba médica detrás de otra, porque no me quedo tranquilo con los resultados. Y eso es totalmente contraproducente. En definitiva, tienes que encontrar el punto entre descartar una enfermedad pero no encadenar una visita al médico tras otra (porque cuando buscas algo que no existe, esa búsqueda es eterna y horrible por toda la incertidumbre que genera). Y además, tus síntomas de ansiedad empeorarán.
De hecho, como psicólogo especializado en ansiedad, quiero ayudarte a entender mejor qué está ocurriendo y cuáles son las diferencias entre los síntomas asociados a la ansiedad y los que podrían requerir una valoración médica más específica. Eso sí, la ansiedad a veces tiene síntomas muy llamativos desde fuera y que nos pueden sonar muy “raros”, pero son ansiedad.
No son lo mismo, pero es muy probable que tengas ambos. ¿Qué quiero decir?
La ansiedad se manifiesta por numerosos síntomas físicos: palpitaciones llamativas, aceleración cardíaca, falta de aire, mareos, tensión muscular (dolores cervicales, de cabeza, en diversas partes de cuerpo, etc), molestias digestivas, hormigueos, sudoración… y esto no es una enfermedad grave, sino ansiedad.
Pero además, nos puede pasar otra cosa: si hemos estado sometidos a mucho estrés emocional durante mucho tiempo es posible que desarrollemos también otra serie de enfermedades que sí tienen que ver con el estrés, como el colon irritable, las cefaleas tensionales, problemas de la piel, etc. La realidad es que las emociones tienen un fuerte impacto en ellas y muchas veces se mezclan unos síntomas con otros, lo que puede hacerte que todavía entiendas menos qué le está ocurriendo a tu cuerpo.
Aquí, un profesional de la psicología puede ayudarte a identificarlos y darte las herramientas necesarias para manejarlos.
Fíjate en lo que estamos hablando: cuando no entiendo bien de dónde vienen los síntomas, me preocupo más, es decir, tengo más ansiedad y tensión emocional. De hecho, es posible que no dejes de estar pendiente de las sensaciones corporales que estás teniendo y, que tú mismo te vayas aumentando esa tensión emocional y haciendo que los síntomas aumenten en intensidad y duración, pudiendo tenerlo días y semanas enteros sin que se reduzcan.
Por ejemplo, imagina que notas una molestia en el pecho, pinchazo o palpitación distinta a la habitual, y empiezas a preguntarte si tendrás un problema cardíaco. A medida que aumenta la preocupación, también aumentan las palpitaciones, la tensión muscular y la sensación de peligro.
Esto genera un círculo vicioso:
Y entonces parece que la amenaza era real, cuando en realidad ha sido la propia ansiedad la que ha amplificado la experiencia.
¿Te revisas constantemente?, ¿compruebas tu pulso varias veces al día?, ¿buscas síntomas en Internet con frecuencia?, ¿necesitas que otras personas te tranquilicen?
Y esto sí o sí, es ansiedad, lo que quiere decir es que la preocupación por la salud se ha convertido en un problema en sí mismo. ¿A qué me refiero? Una persona que tiene una enfermedad, no pasa x horas al día revisando qué le está ocurriendo: no está continuamente tomándose la tensión, ni midiéndose las pulsaciones ni haciendo movimientos para comprobar cuánto le duele “x” parte del cuerpo…
Sin embargo, es normal que en un primer momento tengas la resistencia a abandonar esos “chequeos” sobre cómo estás y qué te ocurre… porque te aparecerá la siguiente pregunta:
Esta es una de las preocupaciones más comunes. Muchas personas piensan: «¿Y si los médicos se han equivocado?», «¿Y si las pruebas no detectaron algo importante?»
Cuando la ansiedad por la salud está presente, el problema no suele ser la falta de información médica, sino la dificultad para tolerar la duda. Lo que genera muchísimo sufrimiento.
La búsqueda de una certeza absoluta puede convertirse en una trampa que nos hace meternos en bucles infinitos y de los que es muy difícil salir sin la ayuda de un psicólogo experto en ansiedad. La terapia es una parte fundamental en la recuperación y el acompañamiento de estos problemas, porque si no, el sufrimiento que la persona puede ser inmenso.
Ten en cuenta que puede ser normal preocuparse por la salud cuando aparece un síntoma nuevo pero no es normal que puedas pasar horas investigando síntomas, buscando tranquilidad constantemente y revisando cada sensación corporal, durante semanas, meses o años incluso (en terapia a menudo encuentro a personas que llevan años así).
Si esto te ocurre, la preocupación ha dejado de ser una herramienta útil de prevención y ha pasado a convertirse en una fuente de sufrimiento.
La ansiedad por la salud, también conocida tradicionalmente como hipocondría, aparece cuando una persona interpreta de forma repetida las sensaciones corporales como señales de una enfermedad grave. El problema no es sentir síntomas. El problema es la interpretación que hacemos de ellos.
Por ejemplo:
Cuando nuestro cerebro aprende a reaccionar así, entra en un estado de vigilancia constante que aumenta todavía más la percepción de los síntomas.
Cuando la preocupación por la salud empieza a afectar al trabajo, las relaciones, el descanso o el bienestar emocional, es recomendable consultar con un profesional especializado en ansiedad. La terapia psicológica ayuda a comprender qué mantiene el problema y proporciona herramientas eficaces para recuperar la tranquilidad.
Si te preguntas constantemente si tienes ansiedad o una enfermedad, quiero que recuerdes algo importante: