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Los mareos son uno de los principales síntomas de ansiedad y, a pesar de esto, muy poca gente lo sabe. Cuando nos encontramos con mareos recurrentes en el tiempo, sin una causa médica aparente o clara, habría que pensar realmente si estamos sufriendo un problema de ansiedad.
Esta falta de reconocimiento del mareo como un síntoma de ansiedad puede generar un ciclo de miedo y preocupación que agrava la condición, dando lugar a una serie de dificultades en la vida cotidiana de la persona afectada. Cuando una persona se siente mareada, puede ser presa del pánico ante la idea de desmayarse o perder el control en público.
Este temor a marearse, a su vez, puede exacerbar la ansiedad, intensificando las sensaciones de mareo y creando un círculo vicioso. Además, es común (aunque no tiene por qué ocurrir), que el miedo a desmayarse también traiga otros miedos implícitos como el temor a llamar la atención de todos al desmayarse, el miedo a hacer el ridículo o parecer vulnerable ante los demás.
Este tipo de pensamientos y preocupaciones son particularmente comunes en personas con trastornos de ansiedad como la agorafobia, donde el miedo a experimentar un ataque de pánico en situaciones donde la ayuda no está disponible o donde irte de ese lugar es difícil, se convierte en el centro de sus angustias.
El mareo es un síntoma físico que puede tener diversas causas, desde problemas en el oído interno hasta desequilibrios en la presión sanguínea o problemas neurológicos. Sin embargo, cuando hablamos de ansiedad, el mareo tiene un origen psicológico, aunque la sensación física es muy real.
La ansiedad, además, puede causar una serie de respuestas fisiológicas que incluyen hiperventilación, tensión muscular, y cambios en el flujo sanguíneo, todos los cuales pueden contribuir a la sensación de mareo.
Cuando una persona está ansiosa, su cuerpo entra en un estado de «lucha o huida», una respuesta natural del sistema nervioso ante una amenaza percibida. Durante este estado, el cuerpo libera hormonas como la adrenalina y el cortisol, que preparan al cuerpo para enfrentarse al peligro. Uno de los efectos de esta respuesta es el aumento de la frecuencia cardíaca y la respiración rápida, lo que puede llevar a una disminución del dióxido de carbono en la sangre. Esta condición puede causar mareo, desorientación y sensación de inestabilidad.
Otro aspecto importante a considerar es la tensión muscular. La ansiedad puede causar que los músculos se tensen, especialmente en la cabeza, el cuello y los hombros, lo que puede provocar mareos debido a la restricción en el flujo sanguíneo o la interferencia con la función normal de los nervios en estas áreas.
El miedo al mareo puede convertirse en un desencadenante adicional de ansiedad. Las personas que han experimentado mareos como resultado de la ansiedad pueden desarrollar un temor anticipatorio, preocupándose constantemente por la posibilidad de marearse nuevamente. Esta preocupación puede ser tan intensa que en sí misma puede provocar mareos, creando un ciclo difícil de romper.
El mareo relacionado con la ansiedad puede tener un impacto significativo en la calidad de vida de una persona. Aquellos que experimentan este síntoma con frecuencia pueden empezar a evitar situaciones en las que temen que podría ocurrir, lo que puede llevar al aislamiento social y a la limitación de actividades cotidianas. Por ejemplo, una persona puede evitar lugares concurridos, transporte público, o situaciones sociales por miedo a marearse y ser percibida como débil o incapaz de manejar la situación.
Este tipo de comportamiento evitativo es particularmente común en personas con agorafobia, un trastorno de ansiedad en el que el miedo a sufrir un ataque de pánico en situaciones donde escapar sería difícil o embarazoso se convierte en una preocupación central. La agorafobia puede llevar a la evitación de lugares y situaciones, lo que a su vez puede aumentar el aislamiento social y reducir la calidad de vida.
El mareo también puede afectar la capacidad de la persona para trabajar o realizar tareas cotidianas. La preocupación constante por la posibilidad de marearse puede hacer que sea difícil concentrarse en el trabajo o en otras actividades importantes. Además, el mareo puede causar que la persona sienta que debe sentarse o acostarse, lo que puede interrumpir sus actividades y reducir su productividad. En definitiva, puede cambiar totalmente la vida de la persona.
Una de las preocupaciones más comunes entre las personas que experimentan mareos relacionados con la ansiedad es el miedo a desmayarse. Este miedo no solo se centra en la posibilidad de perder el conocimiento, sino también en el temor a hacerlo delante de otra personas, algo que sienten como vergonzoso o humillante… teniendo un sentido del ridículo muy agudizado y sintiendo que van a ser juzgados por los demás (aunque no sea así objetivamente).
Sin embargo, la persona también puede evitar quedarse sola, por no poder disponer de ayuda en caso de necesitarla. Ambas situaciones, pueden hacer que la persona evite situaciones tanto en las que puede haber muchas personas, como evitar quedarse solo, limitando a la persona para viajar, asistir a eventos sociales, o incluso salir de casa, lo que puede llevar a un mayor aislamiento y deterioro de la calidad de vida.
El tratamiento del mareo relacionado con la ansiedad generalmente implica abordar la ansiedad subyacente. Esto puede incluir una combinación de terapia psicológica, cambios en el estilo de vida y, en algunos casos, medicación.
La terapia cognitivo-conductual (TCC) es una de las formas más efectivas de tratamiento para la ansiedad. Esta forma de terapia se centra en identificar y cambiar patrones de pensamiento negativos que contribuyen a la ansiedad. En el caso del mareo, la TCC puede ayudar a la persona a desafiar los pensamientos catastróficos sobre el mareo y el desmayo, y a desarrollar estrategias para manejar la ansiedad en situaciones en las que teme marearse.
El mareo es un síntoma común de la ansiedad que puede tener un gran impacto en la vida diaria de una persona limitándola enormemente. A menudo, el miedo al mareo se relaciona con el miedo a desmayarse en público (y ser el foco de atención haciendo el ridículo o quedando como vulnerable) o no poder obtener ayuda médica si les ocurre estando solos.
Generalmente, la persona por sí misma es incapaz de conseguir las herramientas necesarias para poder manejar estos síntomas tan complejos y, sin embargo, con el tratamiento terapéutico adecuado es posible reducir fuertemente los síntomas de la ansiedad y mejorar notablemente la calidad de vida de la persona siendo la terapia psicológica altamente eficaz para estos casos. La comprensión y el manejo del mareo como un síntoma de ansiedad es el primer paso (y crucial) hacia la recuperación y el bienestar general del paciente.
Si te encuentras en esta situación, o conoces a alguien que lo esté, no dudes en contactarnos. Nuestro equipo de psicólogos estará encantado de ayudarte.